viernes, 17 de enero de 2014

El palacio de la Medianoche.

 
     Ian fue un día a Calcuta y se encontró a Ben. Fueron a su casa y se contaron las cosas que les
 habían pasado. Ian  dijo que se quedaba un mes en Calcuta y Ben  que se fuera a su casa. Tras una semana, se juntaron todos los de la Chowbar Society menos los dos que murieron,  eran Siraj y Sheere.

     Una mujer que andaba por las calles de Calcuta,   preguntó a los chicos que si eran los que investigaron en Jheeter's Gate. Ellos  dijeron que sí y ella dijo que si podían investigar sobre una casa abandonada. Siempre que iba allí sentía escalofríos:  esa casa era de su hermana que estaba muerta  y quería saber sobre esa casa que nunca la hermana le  dejaba ir.

    Ellos empezaron a investigar. Estuvieron varios días  hasta que ya supo  lo que sucedía y sobre  unas cosas que pasaron  como por ejemplo, moverse las cosas solas, sentir como si alguien se sentara, etc. Entonces, ellos le dijeron a la mujer que allí se encontraba el alma de su hermana,  ella le enseñó su casa y le dijo que nunca le dejó ir porque allí hacía investigaciones, experimentos y sus cosas,   si lo decía se lo ibas a decir a su madre. Entonces, a ella le daría mucho coraje porque se lo decía a todo el mundo y se ponía mala.
      La mujer le contestó que muchas gracias por haber  investigado y era verdad  lo que había dicho la hermana y se lo agradecería toda la vida. Ellos  dijeron que de nada. Se fueron, se despidieron y cada uno se fue a su casa y ya no se vieron más, nunca más.

No pidas sardina fuera de temporada

14. Clara ha vuelto.
    

        Al día siguiente, tras despertarme :
-¡Juan! El desayuno está listo, baja a desayunar – oí decir a mi madre.
El desayuno estaba delicioso y la verdad es que me proporcionó mucha energía para afrontar el día ya, que era un zumo de naranja recién exprimido y una tostada con jamón y tomate.
         Estaba tranquilamente en mi cuarto, escuchando a cada momento aquella canción que me recordaba tanto a Clara.
         Sobre las siete y media de la tarde, llamó alguien a la puerta y bajé corriendo. - Hola,  Flanagan: ¿te apetecería salir un rato al parque? -Era la dulce voz de Sara. Estaba guapísima, con unas medias, la minifalda que siempre llevaba  y el pelo suelto. Me quedé atónito.-¡Claro! -Respondí con una sonrisa .
         Avisé a mi madre de que un amigo me estaba esperando y que íbamos a dar una vuelta. Le pregunté que cómo es que estaba aquí de nuevo y me respondió que se había comprado una casita con jardín justo atrás de la mía y que si quería irme a vivir con ella. Muy sorprendido respondí que sí. Poco a poco conseguimos amueblar la casa y acomodarla a nuestro gusto para vivir eternamente juntos.

        Al día siguiente, todos los niños me miraban de arriba a bajo con cara de desprecio y a la vez de envidia, ya que era el único afortunado que salía y vivía con Clara Longo.
CONTINUACIÓN DE MOBY DICK



        Después de que El Rachel me rescatara de aquel océano, seguimos buscando al hijo desaparecido de mi nuevo capitán. Rebuscamos días y noches a ese niño perdido con la esperanza de encontrarlo algún día sin rendirnos ni un momento. 

        Un día, mientras seguíamos nuestra búsqueda, nos encontramos con el Marinis, un barco a la caza de ballenas. Nos dijeron a  los arponeros que le gustaría  charlar con el capitán de nuestro barco, que era muy urgente porque tenía un recado para él.  Nuestro capitán fue a su barco, se encontró con el oficial del Marinis, y éste le dijo:

           -Capitán, tengo una mala noticia para usted. Su hijo murió.

        Nuestro capitán empezó a llorar y le dijo que eso no podía ser, que en algún lugar del océano estaría su hijo. Abandonó el Marinis y nos pusimos en marcha buscando de nuevo al pequeño Nicolás.

        Un día, el capitán razonó en que su hijo podría estar muerto en el fondo del mar, y lo único que pensó era una forma de estar junto a él para siempre. Se aposentó ante la proa y decidió arrojarse al agua. Nunca más supimos de él.

        Nos llevamos varias semanas navegando por el mar, con la esperanza de llegar algún día a tierra, pero el hambre y el cansancio no nos dejaron navegar, así que paramos la marcha y nos dejamos morir sobre la cubierta del barco. 

        Pensé que en algún lugar de la muerte me encontraría con mi hermano Quiqueg, con mis compañeros del Pequod, incluso con el capitán Ahab, con el que llegué a coger cariño.

HISTORIA DE UNA ESCALERA.

CARMINA, HIJA: ¡Fernando! ¡Estás loco! Eso es imposible, nuestra familia no lo permitirá. Nuestra relación está abocada al fracaso y sólo nos vamos a hacer daño. Créeme, aunque suene todo muy bonito, lo mejor es que no lo intentemos, porque ya sabemos que no va a salir bien. Lo único que vamos a hacernos es daño. Por favor, Fernando, no insistas... (Mirando a Fernando, a Carmina se le saltan las lágrimas).


FERNANDO, HIJO: ¡Carmina, si no lo intentamos nunca sabremos si lo podemos conseguir! Nuestro amor puede con todo, ¡juntos lo conseguiremos!


CARMINA, HIJA: Fernando... Lo que no puede ser no puede ser. Dejémoslo...


FERNANDO, HIJO: Pero Carmina... (Carmina no le deja terminar la frase y se marcha, escalera arriba, lo más rápido posible y deja a Fernando con la palabra en la boca. Él se posa sobre la barandilla de la escalera, mientras se saca una cajetilla de tabaco y se dispone a fumar un cigarrillo. Fernando, su padre, aparece por el portal...)


FERNANDO: ¡Hijo! ¿Qué te ocurre? 


FERNANDO, HIJO: Padre, olvídame. 


FERNANDO: Está bien, hijo, sube a casa. (Sin rechistar, Fernando sube con su padre. Antes de entrar, aparece Carmina. Ella sale de su casa y se dirige a los brazos de Fernando)


FERNANDO, HIJO: ¿Qué te pasa, Carmina?


CARMINA HIJA: ¡Vámonos de aquí! ¡Mi madre me odia por quererte! 


FERNANDO, HIJO: ¡Nuestra familia no nos acepta! (Agarra de la mano a Carmina, los dos bajan las escaleras lo más rápido posible y se dirigen hacia la calle)


CARMINA, HIJA: ¡Fernando, te quiero!


FERNANDO, HIJO: ¡Y yo, Carmina!


(Desaparecen del portal, juntos de la mano...) 





martes, 14 de enero de 2014



                                              Continuación de:Yerma


          (Tras matar a su marido, Yerma no sabía qué hacer o a quién acudir, hasta que decidió ir a buscar a su amiga María.)

Yerma. (Preocupada, llama a la puerta.)

María. (Abre la puerta)
     Buenos días,Yerma.

Yerma. (Llorando, entra rápidamente)
     Siento mucho entrar así pero no puedo hacer otra cosa. He matado a mi marido. Tras una dura discusión, lo agarré del cuello y no lo solté hasta su muerte. Se lo tenía que decir a alguien, y tú eres la única persona en la que puedo confiar.

María. (Asombrada.)
     ¿Cómo?¿Que has matado a tu marido?¿A Juan?

Yerma. (Haciendo el gesto con la cabeza.)
      Si, ¿qué puedo hacer?

María.
      No lo sé, es que todavía no lo puedo asimilar. Pero yo en tu lugar lo que haría sería salir corriendo sin   mirar atrás hasta que te hayas alejado lo suficiente. Podrías irte a vivir a Millena. Mi marido tiene allí una   pequeña casa de sus abuelos, que tras su muerte está vacía. Podrás tener una nueva vida alejada de estas tierras, y quién sabe, lo mismo vuelves a encontrar el amor y Dios te hace madre.

Yerma. (Con una sonrisa dentro de su agobiamiento.)
       ¿Seguro que no te importa que yo esté allí? No quiero ser una carga para ti.

María.
       Al contrario. Me alegraré de saber que estarás bien allí. Mándame cartas todos los meses. Y ahora vete antes de que te encuentren.

Yerma. (Más tranquila.)
       Muchas gracias por todo, amiga. nunca te olvidaré. Adiós.

jueves, 26 de diciembre de 2013

COMO AGUA PARA CHOCOLATE.

Capítulo XIII- Pastel de cebolla.

   Ingredientes:
 - Cebollas.
 - Huevos.
-Vaso de nata líquida.
- Queso rallado emmental.
- Aceite.
- Sal.
- Nuez moscada.
- Pimienta molida.

   Cortamos la cebolla, y aquí volvemos al principio de toda esta historia, yo tan sensible a la cebolla como siempre. Se deslizan las lágrimas sobre mi tez clara. Esta etapa da final a esta historia. Yo soy Marianela, la hija de Esperanza, y todo el mundo desde pequeña me dice que soy un plagio de mi tía abuela Tita. Yo también tengo un amor ''prohibido'' al igual que ella, pero,  mi problema es diferente.  Estoy enamorada de mi hermano, Marcos,  quien mi madre tuvo dos años más tarde de mi nacimiento. Él también lo está. Es un amor mutuo, pero mi madre jamás podría aceptar eso. Ella ahora está muy débil y ninguno de los dos queremos darle ningún  disgusto. Así que ambos nos amamos en silencio. 

   Ingredientes para la masa:
- Agua.
- Sal.
- Harina.
- Levadura.
- Aceite.
-Huevos.

   Mezclamos todos los ingredientes y dejamos reposar unos dos días. Recuerdo cuando mamá esperaba con ansia a que pasaran, ya que era su plato favorito y además le encantaba mirar cómo se hacía en el horno y el olor que este desprendía. Hoy se lo hemos dado, lo he preparado yo, y como  no, preparando el relleno lloré. Mis lágrimas caían de los ojos como las gotas que caen del suelo en una abundante lluvia otoñal. Mi pobre madre, tras tantos años de empeño en sacar de nosotros dos personas de provecho y labrarnos un buen futuro, se apagó, la tan iluminada y alegre estrella que iluminaba nuestro camino se apagó.

   Mi hermano y yo éramos los únicos presentes en aquel desagradable momento. Ambos nos echamos a llorar junto a ella. Así que aquí dejaré toda esta historia. Mi madre es el fin de este relato, ya que lo mío es harina de otro costal.


El Príncipe de la Niebla.


     El día siguiente, después de todo lo ocurrido, amaneció nublado y triste. Max decidió ir a visitar el faro, que ahora le pertenecía a él. Cogió su bicicleta y se encaminó hacia allí. En el camino se percató de que su hermana Alicia estaba sentada en la orilla de la playa, con el mismo bikini blanco que llevaba el primer día que bucearon junto a Ronald. Dejó la bici y se acercó a su hermana.

-        Alicia, hace frío. ¿Qué haces aquí? - preguntó Max.
-        Lo echo de menos, Max. Lo echo mucho de menos. - contestó esta mientras una lágrima le recorría la mejilla derecha.
-        Yo también, Alicia. No se merecía nada de esto. Era un buen chico. - Alicia no aguantó, y abrazó a su hermano fuertemente, llorando aún más.
-        ¿Sabes qué, Alicia? Creo que te deberías encargar de la cabaña de la playa. A él le hubiese gustado que fuese tuya.- Alicia asintió, con una triste sonrisa.
-        Sí, me encantaría.
-        Muy bien. ¿Me acompañas al faro?

 Alicia asintió.  Se vistió y acompañó a su hermano, que decidió dejar la bicicleta en la playa e ir a pie hasta el faro. Al llegar, subieron y ambos se asomaron al gran ventanal que daba al océano. Los dos fijaron la vista hacia la superficie marina, justo donde se encontraba el Orpheus. Para su sorpresa, éste había desaparecido, dejando en su lugar un gran banco de peces naranjas. Los dos hermanos se miraron y sonrieron.